La historia
del Shareware
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El término Shareware
(software compartido) se utiliza para denominar a aquellos
programas utilizados como muestras comerciales cuyas prestaciones
han sido recortadas ya sea en su vida útil o en
su funcionalidad. El usuario puede acceder a "liberar"
dicho programa de sus limitaciones mediante la compra
de una licencia on line. Por
definición, el Shareware es un mecanismo comercial
que permite, a programadores y microemprendimientos
de desarrollo informático, dar a conocer sus
productos de manera económica y efectiva. Pruebe
ahora, pague después. Mientras que la modalidad
conocida como Demo impide al usuario realizar
operaciones útiles - es puramente contemplativo
-, el Shareware permite una funcionalidad limitada por
tiempo, número de usos o prestaciones recortadas.
La historia del Shareware
El génesis del software compartido
coincide con los albores de la computadora personal
en los años 70. Ante la escasez de software disponible
- en esa época no existían sistemas operativos
unificados, de modo de que cada programa era específico
para cada ordenador y tipo de procesador -, los programadores
se dedicaron a desarrollar utilidades en su tiempo libre,
y a compartirlas con otros usuarios de plataformas similares.
En esos inicios, los términos freeware
y shareware eran usados indistintamente, en contraposición
al software comercial y pago.
El origen del término como actualmente
lo conocemos se debe a Bob Wallace. Wallace era uno
de los programadores del team original que formó
Microsoft en los años 70, y decidió
abandonar la compañía en 1983 para formar
su propia empresa, QuickSoft. El primer producto
que lanzó fue el PC-Write, un procesador
de texto, y decidió hacerlo mediante dos versiones:
la básica y operativa, y la full, que incluía
conversores de formato con otros procesadores de texto
así como un diccionario que hacía de corrector
ortográfico. La full debía abonarse mientras
que la básica era gratuita.
Coincidente con el lanzamiento del
PC-Write, otros programadores decidieron incursionar
por senderos similares del marketing, aunque con variaciones.
El PC-Talk de Andrew Fluegelman era un software
full, ofrecido gratuitamente y que los usuarios podían
abonar mediante donaciones si lo consideraban realmente
útil.
Pero lo que trajo de interesante Bob
Wallace a la idea, fue incluír el concepto de
compartir libremente el software y generar una cadena
comercial basada en recomendaciones. Por ejemplo, un
usuario podía adquirir la versión full,
y dársela a sus amigos. Al hacerlo, esas copias
de soft iban con el número de serie del usuario
original ... y si de esas copias habían usuarios
dispuestos a realizar donaciones a la gente de QuickSoft,
la empresa terminaba abonándole comisiones al
cliente original - las donaciones incluían el
número de serie, por lo cual era fácil
rastrear quién fue el primer dueño -.
Lo que ayudó a popularizar el
término fue la entrada a escena de Nelson Ford,
un programador que venía editando una publicación
sobre informática. Comentando sobre el PC-Talk
y el PC-Write, a Ford se le ocurrió hacer
una encuesta de cómo denominar a estos programas
que se vendían en condiciones comerciales inusuales.
La respuesta masiva fue Shareware - el término
acuñado por Wallace -, e inmediatamente quedó
como el nombre de todo el género.
El Shareware comenzó a popularizarse,
especialmente a través de los boletines BBS.
El mismo Ford montaría una pequeña empresa
basada en la distribución de Shareware (vía
diskettes y descargas) que servía además
como paraguas comercial para aquellos programadores
que no tenían acceso a otras vías de cobro
comercial como las tarjetas de crédito. Estos
mecanismos terminarían por ser reemplazados por
la Internet, tras lo cual los usuarios podrían
obtener los programas directamente por descarga de la
web.
La explosión y decadencia
del Shareware
El Shareware significó a los
programadores y pequeños emprendimientos, la
posibilidad de distribuir su software sin intermediarios
y con costo prácticamente cero. La proliferación
de portales de descarga - que catalogaban nichos, incluían
valuación por parte de los usuarios, y detallaban
en profundidad prestaciones y limitaciones de los sistemas
- impulsó el acceso de microempresas al mercado
global que representa Internet. Uno de los mayores fenómenos
del sistema de comercialización Shareware fué
la distribución de juegos, lo que culminaría
en el surgimiento de potencias como Apogee, Epic
Megagames e Id Software. Estas empresas lanzaron
juegos de contenido altamente adictivo (Wolfenstein
3D, Duke Nukem, Doom) cuyo primer
nivel era gratuito, y el usuario debía abonar
para acceder al resto del videogame.
Pero con el avance de la tecnología,
el Shareware entraría en decadencia. Los programadores
independientes fueron incapaces de generar proyectos
que compitieran contra la envergadura y calidad de juegos
realizados por empresas millonarias y multitudinarias.
Los desarrolladores de otros tipos de software comenzaron
a ver que grandes esfuerzos devenían en pobres
resultados comerciales. La sobreabundancia de programas
similares en el mercado - también de características
Shareware - derivó en estancamientos y abandonos
de proyecto ante la escasa repercusión y su presencia
anónima en un océano de aplicaciones parecidas..
Un puñado de programas Shareware han sobrevivido
gracias a un fuerte corriente de recomendaciones boca
a boca; pero se estima que sólo el 0.5 % de
los usuarios de software Shareware abonan el costo de
la licencia o realizan una donación a los programadores
originales. Entre ello y la proliferación
de portales piratas (que incluyen cracks y números
de serie para liberar los soft) han torpedeado lo que
surgiera hace más de veinte años como
una opción comercial válida que le brindaba
ilusiones de grandeza a los programadores independientes
y talentosos.
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